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La realidad de Jorge

 

Llevaba unas semanas en Santo Domingo, en estos días que me veo entre lo interesante y lo trascendental, pero contento de que voy trabajando y creando algo en mi país.

Era una noche de fiesta, cielo despejado, y una luna que llamaba a una noche fuera de lo común. Iba camino a la Catedral Primada de América, a la boda de una querida amiga.

Decidí irme en taxi, ésta era una de esas bodas de las que sabes cómo llegas, pero no cómo sales.

—  ¿Y usted qué estudió? – una voz interrumpe mi paz y mis deseos de aprovecharme cada segundo de la noche.

Usualmente esta no es la pregunta que un taxista hace. A menudo comentan cosas como: la cosa está dura o aquí hay problemas. En ese momento me di cuenta que no hablaba con mi taxista tradicional.

—   Estudié economía, pero lo que me gusta es hablar y trabajar con gente.

—   A mi también, me encantan los libros, y comentar lo que leo.

¡Ahaaa, tierra común para hablar, pues veremos que me cuenta este personaje! Pensé.

—   “Creo en la sociedad. No empecé a estudiar hasta que no tenía 45 años. Y fue porque un día, alguien fue al barrio donde vivo y nos dijo que somos ignorantes y que por eso no saldríamos de donde estábamos. Sobre todo, lo dijo como en tono de que éramos inferiores a él, ese día me sentí bruto y eso no me gustó”.

Cuando me dijo esto, me quedé frío y con todo el deseo de seguir escuchándolo. Mi curiosidad de saber cómo la motivación negativa produjo un cambio en este hombre me llevó a solo escuchar cada palabra que decía.

—   Empecé a leer a Rousseau y he leído muchos filósofos, la filosofía existencial me gusta pero la filosofía que me encanta es la política.

—  ¿Cómo un hombre como usted, de tantos conocimientos, se dedica a ser taxista?

—   ¡Querido amigo la filosofía no paga!

—   Sí, pero te da a entender un punto de vista diferente y con algo diferente se puede crear algo grande.

—   No tengo los recursos.

—   Pero sí tiene el conocimiento.

—   A la gente no la buscan por lo que saben sino por lo que tienen.

Aquí paré mi preguntas, mi experiencia me ha demostrado que esto es algo que viene desde antaño, la gran mayoría de líderes tienen sus necesidades básicas cubiertas, una realidad que entiendo y muchos pasan por alto.

Él se mostraba interesado en saber mi postura por la lectura y mis conocimientos; yo, al contrario, más interesado en los comentarios de mi compatriota.

Él tenia algo qué decir pero su necesidad decía más que él.

Un padre de familia, no recuerdo con cuantos hijos, se veía la necesidad, a pesar de estar auto educado, de buscarse su pan todos los días. Le pregunté por qué no incursionaba en la política y su comentario fue: mientras no tenga nada no me van a contratar.

Entendí su realidad, al menos lo que él consideraba que era su realidad, valga la redundancia. El tiempo era corto y no contaba quizás con el deseo innato de que buscara otra opción. Estaba tan concentrado en su mundo que cualquier otra posibilidad se convertía en algo absurdo. Cuando me marché le dije: “Si sigues pensando que nadie te querrá escuchar, nadie lo hará. Si tienes algo qué decir, haz que todos te escuchen”.

Todo tiene el valor que le des tú.

Buenas noches y a fiestar.

Source: Ricardo Tirado
La realidad de Jorge

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